El retumbo nunca cesa bajo sus pies, ya sea al borde del océano o en la cima de una montaña, en lo profundo de la capital o en la orilla rocosa de un río. Costa Rica retumba de vida. Ya sea el aleteo de un millón de mariposas en migración o los rápidos que bajan de un bosque lluvioso de montaña, el pulso de la naturaleza nunca se detiene. La vida ama a Costa Rica. Y Costa Rica le devuelve el amor.